Los eventos que valen la pena observar en una ciudad no siempre son aquellos que han sido programados o que se presentan dentro de los salones o teatros. También sentarse en el banco de una plaza y contemplar de manera silente pero detallista el pasar natural de las horas y las rutinas de sus habitantes, es algo digno de experimentar. Los personajes que le imprimen identidad a las ciudades y pueblos, y que en torno a ellos se tejen leyendas y buenas historias para contar. Como por ejemplo:

Patricia Cortés “La Mujer de las Palomas”

Tal es el caso de Patricia Cortés, una copiapina que sin proponérselo se ha convertido en artista de un espectáculo cuyo público son los transeúntes de la Plaza de Armas de Copiapó. Comparten el escenario junto a Patricia cientos de palomas que al verla llegar se posan cerca o sobre ella esperando su saludo cotidiano.

Como todo artista, al final de la función recibe la bendición del público y las fotos respectivas. Sobre todo los niños y las niñas de la localidad son los que sienten admiración por esta mujer que expresa -sin miedo a que la llamen loca- un profundo amor por las palomas.

Aunque también hay quienes la vean de reojo y la critiquen, indudablemente personajes cotidianos como Patricia, son los que alimentan el alma y el imaginario de los ciudadanos y visitantes de Copiapó.

El chico “Lele”

Este personaje copiapino irradia por todos lados el orgullo por la tierra donde nació y la nostalgia del pasado. Su verdadero nombre es Elías Hurtado y es fácilmente reconocible por su baja estatura.

Elías conoce las historias de Copiapó desde que era un pueblo minero, hasta hoy. Él se dedica a la labor de recopilar los cuentos y leyendas de su provincia. Las historias del Copiapó de antes las cuenta Elías Hurtado a quien desee escuchar, porque según él, de esta forma no se pierde la esencia de la ciudad.