Los incendios en Copiapó

En Copiapó, así como en toda la zona de Atacama, debido tanto a las altas temperaturas como a la velocidad de los vientos y la poca humedad, es muy común que los incendios que se inician por diversas causas finalicen con terribles consecuencias y daños tanto materiales como humanos.

De las experiencias pasadas y sobre todo las sufridas durante el año 2017, los chilenos deben llevarse como lección la necesidad de perfeccionar sus medidas de prevención, tanto los ciudadanos como las instituciones llamadas a apaciguar tales eventos. Esto, lamentablemente, todavía no ha ocurrido.

Hace pocas semanas ocurrió en Copiapó un incendio que acabó con 3 viviendas y la vida de un bebé de apenas dos meses de nacido. El origen del incendio, en este caso, no fue natural sino que se le atribuye al descuido humano. En una de la viviendas había velas encendidas sin que éstas fueran supervisadas por un adulto. Las llamas alcanzaron objetos inflamables los cuales rápidamente consumieron tanto los objetos de la vivienda, como la vivienda misma.

Sin embargo, los cada vez más frecuentes incendios de la región no solo se atribuyen a descuidos humanos, sino también a fallas institucionales. Tal es el caso del incendio ocurrido en la población de Juan Pablo II, en la cual la falta de mantenimiento del alumbrado público trajo como consecuencia fallas en uno de los postes, lo que generó el siniestro. El saldo del accidente fue de dos casas destruidas y sus tres habitantes fallecidos por asfixia.

Las instituciones que atienden este tipo de eventos, tanto en Copiapó como en el resto del país, son los Bomberos y la Corporación Nacional Forestal (CONAF), quienes trabajan de manera conjunta cuando el incendio se propaga a través de bosques o zonas sembradas con plantas que aceleran el proceso de esparcimiento del incendio, tal como sucedió el año pasado.